Concilio de Jerusalén
49 d. C.
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El Concilio de Jerusalén, también conocido como el Concilio Apostólico, tuvo lugar en Jerusalén alrededor del año 49 d.C. y reunió a apóstoles y ancianos de la iglesia por primera vez [BIBLE, Hechos 15:1-35]. La reunión buscaba resolver el conflicto entre los judaizantes, quienes insistían en que los gentiles debían circuncidarse para ser verdaderos creyentes en Cristo, y aquellos que se oponían a esta idea, liderados por Pablo, Bernabé y Pedro. Este problema, sobre si los gentiles necesitaban convertirse finalmente en judíos para seguir a Cristo, amenazaba la unidad de la iglesia primitiva y la misión más amplia de difundir el evangelio al mundo gentil.
Pablo y Bernabé compartieron sus recientes experiencias de conversión de gentiles durante su Primer Viaje Misionero en Chipre y Asia Menor. Pedro relató cómo Dios había aceptado a los gentiles no circuncidados al otorgarles el Espíritu Santo. Después de mucho debate, se establecieron algunos puntos clave. Primero, Dios no hace distinción entre creyentes judíos y gentiles, y la salvación siempre es por gracia a través de la fe. Los profetas ya habían anticipado y revelado la inclusión de los gentiles entre el pueblo de Dios [BIBLE, Amós 9:11-12], algo que tanto Pablo como Pedro confirmaron a través de señales y maravillas.
Como líder de la iglesia de Jerusalén, Santiago, el medio hermano de Jesús, dictaminó la decisión del concilio. Primero, no se debería exigir a los creyentes gentiles que se circunciden o que sigan la Ley Mosaica como condición para la salvación o la membresía en la iglesia. El concilio recomendó que los gentiles se abstuvieran de consumir alimentos contaminados por ídolos, inmoralidad sexual, carne de animales estrangulados y sangre [BIBLE, Génesis 9:4]. Una carta oficial, acompañada de una pequeña delegación de creyentes, llevó los decretos del Concilio a las iglesias gentiles, reconociendo que Dios no exigía que los gentiles se convirtieran en judíos para ser salvos.
Lucas destaca la importancia crucial del Concilio al ubicarlo en el centro del libro de los Hechos. Antes del Concilio de Jerusalén, el libro de los Hechos se centraba en la comunidad cristiana judía. Después de que el Concilio aclarara lo que siempre había sido cierto, los Hechos se enfocaron en la comunidad cristiana gentil. Este evento trascendental marcó un paso significativo hacia la difusión universal del mensaje del evangelio.